(…) El ailanto -el árbol al que usted se refiere- es el rey de mi jardín, el más querido, hermoso, observado y antiguo de mis esculturas vegetales, y me ofrece una sombra generosa y crucial en mi vida. Yo lo miro constantemente mientras escribo en mi salón de la planta baja. Muchas veces me quedo extasiada contemplando cómo la luna se mece en sus delicadas ramas. Su sombra es un templo espiritual en el que yo me refugio cada día. Durante muchos años me he dedicado a la pintura (ahora soy escritora), y con los años he descubierto que no existe nada más bello y misterioso que observar el crecimiento de un árbol.”

“El árbol de la señora Brown, Puro cuento, Ed. Baile del Sol, 2016

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