En una de las fiestas de La Candelaria se organizó una luchada donde  Fajardo se enfrentó a un montón de hombres. Ninguno fue capaz de lograr que “El Pollo del Sur” jincara rodilla a tierra. De entre el público, saltó a la arena un desconocido con intención de bregar. Más gordo y más pequeño que Fajardo, muy moreno él, con un bigote enroscado, turbante y bombachos de moro arremangados hasta los muslos. Fajardo puso fuerza y corazón en el duelo como nunca lo había hecho antes, pero aquel muchacho era una roca.  El novio de mi tía Rosario gritaba como un cochino. De la rabia y de tan encarnado que se puso, los hombres creyeron que las dos venas del cuello, gordas como morcillas, acabarían regando sangre. En fin, pa no cansarle y como ya puede imaginar, aquel primo enano de Goliat ganó en la primera agarrada.

La derrota fue lo de menos, lo pior sucedió después, cuando el hombrecito aquel se arranca el mostacho, se quita el turbante, se suelta tamaña cabellera, y aparece la mismimita cara de Venancia, la mujer del aguador. Por lo visto, Fajardo no paraba de atosigarla con ordinarieces de cabrito, mientras por otro lado, de novio modosito con mi tía Rosario. Estaba Venancia ya tan aburrida de las majaderías del luchador, que quiso darle lo que se merecía delante de todo el mundo. Si le quedaba alguna pluma todavía, a “El Pollo del Sur” se le terminó de caer del susto que se pegó. No solo tenía que saborear la amarga derrota, sino que además, la humillación de su pundonor le había llegado de mano de una hembra.  Se embarcó una noche pa Inglaterra o se lo tragó el mar. El caso es que nunca más.

Mi tía Rosario envejeció de golpe. Madre dice que se fue afeando por culpa de la amargura que le comía el corazón. Un día, trincó las sábanas, toallas, manteles, el ajuar completo que había cosido y bordado, y lo acabó arrojando al fuego en el mismo patio de la casa. La gente no sabía si darle el pésame o felicitarla por haberse librado de aquel pájaro. Ella tampoco supo bien qué hacía de la locura que le entró. Siete años de novia habían sido muchos para vivirlos tan engañada, y por delante, como una maldición bíblica, se veía otros siete viviendo encerrada hasta que la vergüenza se le olvidara a ella, y al resto de la parroquia.

Yo creo que esta historia no tiene nadita de verdad. Mi madre por pena le perdonaba las ofensas, pero pa mi gusto, la tía Rosario nació pa quedarse sola, era vieja y mala ya cuando llegó. Que no hay justicia pa todos, eso lo sabemos, y a quien le toca bola negra, le toca, y ¡hay que apechugar! Más nada eso, m’hijo.
Mire, yo le voy a ser muy clarita porque la falsedad no me gusta. En este mundo hay personas buenas, menos buenas, malas, y las hay ruines de nacimiento, y mi tía Rosario era de esta clase. ¡Compadre! Les ganaba a todos, a Caín, Herodes, Judas, Lucifer, a Franco, a toditos les ganaba en ruindad.

Las cosas que pasan. La vida es tan fantasiosa que hasta a una misma le cuesta creérsela. ¿No es verdad?

 

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