Venía siendo costumbre que el mismo mendigo acampara desde muy temprano a la puerta de su iglesia. EL sacerdote, que por su profesión se debe a todas las criaturas del Señor, sean ricas o pobres, inteligentes o zotes, decidió preguntarle la causa de tan desafortunada situación. (…)

(Tienes mucha suerte. Puro Cuento. Ed. Baile del Sol, 2016)

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