El relato es una sacudida eléctrica, un calambre que paraliza al lector durante un instante muy breve. Los personajes y el escenario vienen dados. Pertenecen a historias que de alguna manera viví, otras me las contaron o están sacadas de noticias publicadas en los periódicos; y algunas, por qué no confesarlo, las escuché sin permiso. Acontecimientos y voces, que por alguna razón inexplicable, se instalaron en mi imaginación, invadieron mi tranquilidad y no cesaron de saltar hasta que replegándome a sus caprichos, las traje a la superficie. Pero una vez que sus personajes quedaron satisfechos, dijeron sin mirar atrás: “Adiós y buena suerte”.
Cubierta. Ed. Baile del Sol.
            Los relatos contenidos en este libro suceden en varios lugares. Unos bien definidos, otros no pertenecen a ninguna geografía; algunos son muy breves, pero incluso estos, aparentemente más humorísticos e inverosímiles piden una segunda lectura como enseguida se percatará el lector. Entre bromas y veras, he pretendido acercarme a la contradictoria belleza de amor y desamor que encierran las relaciones humanas en todas sus variantes.

 

             Más ambicioso por mi parte ha sido pretender acercarme al espíritu volátil que late bajo cualquier forma de narrar, ese pálpito que empuja a los hombres a contarse a sí mismos de qué va el juego de vivir. “Seguiremos debiéndonos afligir con esa palabra “literatura”, lo que es y lo que pensamos que sea (…) Pero alegrémonos de que acabe por escapársenos, por nosotros, porque siga viva y nuestra vida se una con la suya en horas en las que intercambiamos el aliento con ella”, dijo Ingeborg Bachmann. Hasta ahora no he encontrado una explicación mejor que resuma con tanta intensidad lo que todo escritor anhela cuando esculpe con palabras universos inventados. Serás tú, lector, el único que valore si he conseguido mis propósitos. 
 
 
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