Hace un mes compré un loro. Hace treinta y un día que nos miramos de reojo.

He decidido llamarlo Diógenes. Quizás el tiempo y el roce consigan el cariño que de natural no sale.

El loro Diógenes dice: Es cierto que el humano ha perdido el sentido del humor, sin embargo, ha desarrollado el sentido del impudor. 


El loro Diógenes dice: Los hipócritas tienen la sana costumbre de practicar a diario el enjuague bucal. Un ejercicio higiénico que en su caso es de absoluta inutilidad. Las palabras que resbalan por sus bocas siempre hieden.


El loro Diógenes dice: Los chorizos se han convertido en una necesidad pública.


El loro Diógenes dice: Nunca prestes dinero a un amigo. Esa amistad te saldrá cara.


El loro Diógenes dice: Para medrar profesionalmente hay que tener muchos contactos. Los contactos púbicos suelen ser más rápidos y efectivos. 


El loro Diógenes dice:  Cariño, mejor que te sientes para escuchar lo que te voy a decir. ¿Por qué el humano siempre tiene que sentarse para recibir las malas noticias?
 

El loro Diógenes dice: Mientras la mitad del mundo cambia puntos por móviles nuevos, la otra mitad muere en las minas de coltán.

El loro Diógenes dice: Las oleadas de calor en el estío como las copiosas nevadas en invierno, todos los años son noticia.Y en cincuenta años, ¡ningún paisano vio cosa igual!


El loro Diógenes dice: Cuando llega el verano flota en el ambiente todo tipo de fragancias sudorales. Una tortura para los de pituitaria fina.

 

El loro Diógenes dice: Desde hace unos años, la democracia española está sufriendo el síndrome Benjamin Button. Con tanto recorte va a terminar en pañales.

El loro Diógenes dice: Después de las Elecciones Europeas de 2014, la derecha española ya no grita:  ¡Qué vienes los rojos! Ahora gritan: ¡Qué vienen los bolivarianos!


El loro Diógenes dice: Manuel Vázquez Montalbán escribió: “Contra Franco vivíamos mejor”. Me pregunto qué escribiría hoy de los Borbones.


El loro Diógenes dice: De un tiempo a esta parte, en la ciudad de Madrid todos se han vuelto palmeros. Unos días se ponen la camisa verde, otros las mantilla azul, otros días, la colorada y otros, la que digas tú.


El loro Diógenes dice: La alcaldesa de Madrid ya no limpia las calles. Dice que los madrileños estaban demasiado limpios.




El loro Diógenes dice: Amo, dame de comer, por favor. Y no me hagas repetírtelo como los papagayos.


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