Le pregunto si vio anoche el partido. El fútbol le importa una mierda, dice. Este tío siempre me ha parecido un gilipollas… Nos vemos, se despide sin más. Tiene no sé qué movida en la asociación de vecinos.
A la maña siguiente,  mi jefe me envía a cobrar una factura a una dirección que  queda bastante cerca del  trabajo de mi colega.  Quizás podamos echar un peta, aunque sé que luego me sentiré como el culo. 
En la puerta de la asociación hay un montón de peña esperando a entrar. Deben estar regalando algo, si no, a qué tanta gente. Sale un viejo cargando bolsas llenas de comida. Tras él, una chica con un bebé. Debajo del cochecito guarda unas cuantas  latas de leche infantil y un paquete de pañales. Desde la puerta de la calle veo a mi colega del parque muy ocupado despachando alimentos.  
Si hay que buscar a algún gilipollas y tonto del culo, ese soy yo. 
 
 
 
 
 
© Yolanda Delgado Batista, 2014.
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