Foto: Yolanda Delgado

—Seña María ¿es verdá que se casó Sebastiana?

—Se casó en segundas náuseas con Fabián el de cha Juana

—¡Qué poco luto guardó! Pos si ella es ansina ¡el mundo ya está corruto!

—¿Y desde cuándo está viuda?

—Desde que murió el marido…

—¡Eso lo sé yo! Pregunto, ¿cuándo murió ese endevido?

—La fecha…no se la digo, poro asigún Cha Manuela, se supo ¡por una esquila!, que vino de Güenezuela.

—¡Pronto se olvidó del muerto!

—En eso…tiene razón, poro misas de requinto le dijo en la Conceción.

—Y el marido, ¿vale algo?

—Sí señora, es acetable, pos tiene un supermercado de comida y bebidables.

—¡¡Ay, cha Joaquina, por Dios, yo me fruto en el perrete!!!, vino a darme un pisotón en donde tengo un bonete.

—¡Perdone, Seña María, fue sin querer se lo juro!

—Güeno, ¡queda perdonada!, por eso… ¡no tenga apuro!

—Pos como diba jablando de la boda Sebastiana ¡tiene dentro de la casa todo lo que le da gana! Amarradas con cadenas tiene machangas y micos y dentro de unos aulones loros y…¡salta piricos! Que amigo de animalitos es el dichoso Fabián.

—Por eso casó con Chana, ¡que es como un marangotán! Yo ha visto mujeres feas, ¡poro como esa… nenguna!, los ojos son agüevados…¡chata, gorda, jocicuda!

—Jesús, mujer no sagere, guapa, endeluego no está, poro es güena y asiada, y tiene… ¡un déjame entrar!

—Ya veo que tuvo suerte… y otras ¡más guapas solteras!

—Es que la suerte de la fea la bonita la desea. (…)


(Extracto. Las voladas de Seña María. Recopilación Luis Rodríguez Machado. Centro de la Cultura canaria)

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