Lenin y Bogdanov en Italia. Circa 1908. Sentados de izquierda a derecha: Vladímir Bazárov (Rudnev), Vladímir Lenin y Alexander Bogdanov. De pie: Maxim Gorki, el hijo de Gorki, Maxim Peshov y Natalia Korsak.
            La vida de Alexander Bogdánov (10 de agosto de 1873, en Goradnia (ahora Bielorrusia)  7 de abril de 1928, en Moscú) fue movidita. Político, gestor cultural, como lo llamaríamos ahora, economista, escritor, y un científico controvertido, con potencial creativo para imaginar avances tecnológicos al puro estilo Julio Verne, participó con Lenin en la creación del Partido Bolchevique. Este siempre lo vio como un rival, y más cuando su teoría filosófica, el Empiriomonismo, (véase diccionario soviético de filosofía http://www.filosofia.org/enc/ros/empi2.htm), que el mismo Lenin rebatió,  fue recibida con interés por otros intelectuales del partido.
            En 1909, Bogdánov creó en Capri, junto a Gorki y Lunacharski, el grupo Vpered (Adelante), cuyo propósito perseguía la educación de los obreros, condición imprescindible para consolidar el socialismo en Rusia. En 1917 se organizó en Petrogrado el Proletkult (Organizaciones Culturales y Educativas del Proletariado), potenciando entidades ya existentes y promoviendo nuevos talleres, teatros y actividades culturales ligadas a las fábricas y clubes de trabajadores con el objetivo de generar una cultura proletaria, con independencia del Gobierno y del Comisariado Popular de Educación (Narkomprós). Alexander bogdánov fue el principal teórico de estas organizaciones. El Proletkult se extendería por todo el Estado y, con distintos niveles de soporte estatal, se mantuvo activo hasta 1925.
            Era un gran economista y estupendo escritor de novelas de ciencia ficción. En su novela más conocida, Estrella roja (1908),  editada en España por Nevsky Prospects, relata las peripecias de un ingeniero que viaja al planeta Marte donde existe por supuesto una sociedad socialista.  En esta novela predice la fusión atómica, la computación, el vídeo teléfono y el cine en 3D, ¡casi nada! Además establece los principios de una avanzada teoría de sistemas y comunicaciones donde las fábricas están interconectadas e intercambian datos de producción. En Estrella roja se representa una organización racional y eficiente de la mano de obra y la industria,  y la igualdad plena de todas las personas. A pesar de lo que se pueda pensar, en esta utopía marciana, Bogdánov defiende que el interés del colectivo no invalida la libertad individual.
            En 1921, Alexander Bogdánov abandonó la política y la gestión cultural, para centrarse en sus investigaciones científicas, pues era médico de profesión. Cuando murió Lenin, el 21 de enero de 1924, a los 53 años de edad, en un primer momento se pensó en encomendar su cuerpo a Bogdánov para que lo preservara y, en el mejor de los casos, resucitarlo cuando los avances científicos lo permitieran; aunque ese plan fue descartado finalmente.  El científico estaba convencido de que las transfusiones de sangre podían alargar la vida y rejuvenecer a las personas, además de insuflar savia nueva al “agotamiento soviético” que existía en la élite del país. Así, en 1924 comenzó sus experimentos de transfusión de sangre en busca de la eterna juventud, dando un paso más en la idea de una colectivización inmediata y radical al proponer el intercambio comunista de la sangre. En 1926 fundó el pionero Instituto de Transfusión de Sangre de Moscú.
            Entre sus pacientes ilustres se encontraba la mismísima hermana de Lenin, María Ulianova, quien al parecer con tanto cócteles de sangre experimentó una perceptible mejoría en su salud. No sólo se transfería sangre de personas más jóvenes y más sanas a otras enfermas y entradas en años, sino que también se suponía un beneficio recíproco en el intercambio de sangre. Por ejemplo, de acuerdo con sus ideas, la sangre joven era óptima para luchar contra el cáncer en cuerpos ancianos. Aquello fue toda una revolución hematológica.
El propio Alexander Bogdánov participó activamente en sus experimentos. Murió en abril de 1928 como consecuencia de una transfusión de sangre contaminada. ¡Qué mala sangre!
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