Maxorata es una inmensa llanura en la que viven montañas estriadas y viejas como dinosaurios dormidos. Verde el mar; arena blanca; roja la tierra. Restos de volcanes con sus cráteres abiertos al sol africano. Una isla de piedras, cabras y palmeras donde Unamuno paseó su destierro a lomos de un camello.

El óxido tiñe la tierra de fuego que apenas conoce la lluvia. Casas blancas en Betancuria con balcones de madera ardiendo al sol de poniente. Chumberas. Vegetales esculpidos en el aire, incendiados de tunos y flores como soles amarillos. Palmeras y tarajales en el fondo de los barrancos, mientras que en las alturas, el majorero labra en hilera los escalones de tierra en los que planta vides y unas cuantas tomateras.

Morro Jable, Cofete, Jandía, Tuineje, Triquivijate, La Antigua, Pájara, El Cotillo, Lajares, La Oliva, nombres oníricos de lugares pobres, pero soberbios en su humilde intimidad. Se oye la voz del panadero viajando de pueblo en pueblo en su camioneta blanca. ¡Pan de Tindaya, el pan que nunca falla! Y tras de sí, va dejando en el aire una estela de polvo y de pan caliente; música de bienvenida.

Anuncios