Teresa, Julián, Fede y Andrés son amigos de la Universidad de Sevilla. En el verano, los cuatro disfrutan de las vacaciones en el pueblo gaditano de Zahara de los Atunes. Una noche de agosto de 1984, los jóvenes deciden subir a la sierra para disfrutar las Lágrimas de San Lorenzo. En el interior de una cueva encuentran por casualidad, un alijo de 400 Kilogramos de hachís. Sin pensarlo dos veces el grupo se apodera del botín. La mercancía supondrá un beneficio total de 80 millones de pesetas, 20 millones para cada uno. La desaparición del alijo desencadena el secuestro del chico encargado de custodiar la mercancía. Tarde o temprano, las consecuencias de aquella gamberrada serán dramáticas. Cada uno de los jóvenes ―que creían en sus ideales solidarios y confiaban en la lealtad inquebrantable de la amistad―, comprobará la fragilidad de su esencia moral.

 

BLUES DE TRAFALGAR ES…
“Una historia de venganza que no se consuma, de justicia comprada por el dinero, de oportunidades que el mundo sólo ofrece si te desgarras el alma, de víctimas que no son buenas por ser víctimas, que cuenta una redención que no sirve para nada. (…)” (169)
Los protagonistas son cuatros jóvenes que pertenecen a la generación post franquista, llenos de ideales de solidaridad para con el género humano. Son niños de papá que se divierten con las drogas y la liberación sexual; seguidores de cualquier movimiento que signifique cambio y libertad. Sin embargo, cuando llega el momento de poner a prueba su integridad moral, apostarán por su provecho personal y sus ideales serán sustituidos por el cinismo y la hipocresía. Lo que impera es esa España del pelotazo es la ambición individual. Ser rico e influyente en un abrir y cerrar de ojos es el mensaje que impera en la sociedad (De aquellos lares estos lodos).

 

Sin embargo, André, el protagonista, no es como sus amigos. A partir de aquella experiencia con final dramático, hace que su vida esté marcada por el remordimiento. Desde entonces es un hombre extraviado que se traslada a vivir a Londres y renuncia a su carrera literaria, ya que la escritura que tanto reconocimiento le brindó durante una época, ha perdido su sentido.

 

          La novela transcurre en tres ciudades: Cádiz (Zahara de los Atunes y Zahora), Sevilla y Londres; y recorre tres épocas importantes: finales de los ochenta, Expo 92 en Sevilla y primera legislatura de Zapatero.

 

          Está narrada en primera persona desde el momento presente de Andrés, quien se encuentra recluido en Zahora, cerca del faro de Trafalgar, dispuesto a contar en una novela cómo sucedió todo.

 

“Oculto en mi refugio, en esta casa frente a la playa de la Aceitera, solo, aislado como el ermitaño de la baraja del tarot en su peña asediada por el mar y la noche, miro el destello del faro de Trafalgar, insomne y tembloroso en la turbulencia del viento. He vuelto a esta costa, después de tantos años, para saldar una vieja cuenta, para abrir una antigua herida que ha seguido sangrando en mi corazón. (…)” (12)

 

 

Blues de Trafalgar (Siruela, 2012), ¿es una  una novela psicológica?, ¿un thriller?, ¿una novela que plantea un dilema moral? Estamos ante las tres cosas. 

 

 José Luis Rodríguez del Corral redefine desde la contemporaneidad el sentimiento de culpa y la redención de Crimen y Castigo. El escritor sevillano nos plantea una vez más el dilema dostoievskiano de una manera sorprendente: ¿se puede vivir por encima del remordimiento y la culpa? Una cuestión amplificada según el viento que sopla en nuestra sociedad actual: ¿existen valores éticos individuales y colectivos en nuestro mundo? ¿Tienen estos ya algún valor?

 

          El autor habla en voz alta de una sensación compartida por muchos, en la que el hombre actual parece no sentirse responsable del perjuicio que su comportamiento pueda infligir en sus semejantes, si aquel le garantiza un beneficio personal.  Por tanto: ¿ha desaparecido la culpa interna? Sentir culpa, tener conciencia del daño provocado, ¿es un síntoma de hombres débiles?

 

          En la novela (inspirada en un suceso real), los jóvenes nunca tuvieron intención de provocar un daño, este se desencadena por azar. Es la justificación a la que se acogen para exonerar su culpa. Pero a partir de entonces, sus vidas estarán dirigidas a mantener el secreto a cualquier precio para preservar el éxito de sus ambiciones políticas y económicas.

 

          Pero Rodríguez del Corral se arriesga en su paisaje narrativo salpicado de grises que hacen más interesante aún el planteamiento. En la trama participa otro personaje que funciona como un revulsivo: una víctima, alguien a quién el grupo debiera pedir perdón y resarcir el daño que se le causó.

 

          Blues de Trafalgar, Premio de Novela del Café Gijón 2011, invita al lector a ser partícipe de esta interesante reflexión moral, se enfrentará cara a cara con su conciencia. No tendrá escapatoria.  
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