El escritor serbio Branimir Scepanovic (1937) construye una íntima metáfora del hombre actual en la que se ponen al descubierto sus instintos, sus pasiones, y las relaciones que el individuo establece con la comunidad o la sociedad a la que pertenece. La trama en su superficie es muy sencilla: un hombre sentenciado a muerte por un cáncer galopante, viaja en tren hacia Montenegro con la firme decisión de quitarse la vida cuando llegue a la tierra que le vio nacer. Repentinamente abandona el tren y deambula por el bosque sin tener claro qué camino tomar, cuando se ve sorprendido por dos cazadores que están acampados en el lugar. El hombre sin nombre huye pues no quiere que nada se interponga en su desenlace. Los hombres lo perseguirán con la intención de ayudarlo, pero durante esa persecución ese sentimiento de compasión irá transformándose en curiosidad, y poco más tarde en encono. A esa extraña cacería se sumará un pastor, el guardabosques de la zona, un grupo de excursionistas y unas plañideras. En esa extenuante persecución, cada personaje argüirá una razón diferente para seguir los pasos de ese hombre al que nadie conoce, y esas motivaciones aparentemente lógicas, en el fondo esconden rencor, venganza o temor. El extraño busca en su interior la fuerza necesaria para continuar en su empeño, anhela una soledad que al parecer también le será negada. No voy a desvelar el final por si alguien se anima a leer esta novela corta en su extensión pero de un desasosiego duradero.

Scepanovic se vale de dos narradores distintos para presentarnos a cada personaje. Uno de los cazadores narra en primera persona la persecución desde su punto de vista, manteniendo de esta manera, cierto distanciamiento con el perseguido, y de esta manera aumentar la bestialidad de la víctima a la que habrá de dar caza sea como sea. En tercera persona, se narrará la dolorosa condición en la que se encuentra este “lobo estepario” que guarda en su interior un espíritu romántico, que anhela regresar a su raíz, a la Naturaleza que una vez abandonó, y llenarse “la boca de tierra”, conciliarse con la vida y morir en paz.

Mi crítica, con ánimo constructivo, va dirigida a la editorial Sexto piso que no se ha preocupado de la corrección de estilo de la novela. Es una verdadera pena y un flaco favor al escritor, a su obra y a sus lectores españoles.

Un saludo.

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