Dedicado mi hijo Jorge


Your children cut their hands on glass
by reaching through the mirror
where the beloved one was hiding.

You weren’t expecting this:
you thought they wanted happiness,
not laceration.

You thought the happiness
would appear simply, without effort
or any kind of work,

like a bird call
or a pathside flower
or a school of silvery fish

but now they’ve cut themselves
on love, and cry in secret,
and your own hands go numb
because nothing you can do,
because you didn’t think
you needed to
and now there’s all this broken glass
and your children stand red-handed

still clutching at moons and echoes
and emptiness and shadow,
the way you did.

 


 

 

Tus hijos se cortan las manos
al acercarse a través del espejo
a donde el ser amado solía guarecerse.
No te lo esperabas,
creías que querían ser felices,
no llenarse de heridas.
Creías que la felicidad
les llegaría simplemente, sin esfuerzo
y sin ningún trabajo,
como el canto de un pájaro,
o una flor en el sendero,
o un banco de peces del color de la plata;
pero ahora se han herido
con el amor, y lloran en secreto,
e incluso tus manos están entumecidas;
porque no puedes hacer nada,
porque no les dijiste que no lo hicieran,
pues no creías
que fuera necesario,
y ahora te encuentras todo el cristal roto
y tus hijos, con las manos ensangrentadas,
aún se aferran a las lunas y a los ecos,
al vacío y las sombras,
de la misma manera que tú lo hiciste entonces.

Margaret Atwood. Traducción: Pilar Somacarrera Iñigo
La puerta. Bruguera. Col. Poesía, 2009

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